viernes, 15 de mayo de 2009

96 lunas



Me llamo Uhk y vivo con mi familia en una cueva. No se extrañen, soy un niño paleolítico, y esta es nuestra manera de vivir. A veces un poco arriesgada, como cuando por las noches regresamos a casa y encontramos alguna fiera que ha elegido nuestro hogar para guarecerse. Entonces nuestros padres nos hacen salir y apartarnos de la entrada. Ellos, con sus antorchas, consiguen echar al animal, y cuando todo está tranquilo, podemos entrar a dormir. Pero el olor que queda después suele ser insoportable. A esto siempre me costó trabajo acostumbrarme.

Hoy he cumplido 96 lunas. Al menos, mis padres dicen que se sucedieron 96 lunas llenas desde el día de mi nacimiento. Por ese motivo papá me regaló unos crayones. Los ha hecho él mismo, con una especie de arcilla que él recoge y que es de color rojo muy intenso. Esta noche, a la luz de las antorchas, probaré mis crayones en las paredes de la cueva, y aunque no sé bien qué dibujar, estoy pensando en mi padre y sus compañeros de caza el día que, a lo lejos, vi cómo lanzaban flechas a unos bisontes.

Os lo cuento sabiendo que, posiblemente, a nadie importará nunca lo que dibuje un niño que acaba de cumplir 96 lunas.

5 comentarios:

Oriana P. S. dijo...

¡Qué cuentito más dulce!

Tendremos que decirle a Uhk que sus dibujitos de niño de 8 años ahora son patrimonio de la humanidad.

Saluditos.

Manuel dijo...

Muchos niños y muchas lunas. Aquel lugar fue escuela y templo. Cada generación iba agregando dibujos y más dibujos. Ciertas noches los niños y niñas eran llevados al lugar de las pinturas y se les revelaba que ya, por fin o por desgracia, eran hombres o mujeres y que antes de eso debían dejar impresa su huella, su animal, su tótem. Aquel lugar fue y será el origen del cine. Las antorchas, las sombras cambiantes, la tribu tumbada boca arriba mirando la constelación de figuras desplazándose por el techo de la cueva. Cuando salían eran otras personas. Tal vez hombres o mujeres pero entraron siendo niños con su crayón de arcilla o su trozo de carbón.
(Un magnifico cuento, Javi)

Javi dijo...

Muchísimas gracias a los dos. Manuel, estupenda tu reflexión que también tiene elementos de historia, de cuento, me ha gustado mucho.
En Facebook se llevó a cabo un hilo de debate sobre intencionalidad artística, sobre lo que es arte o no, si es el tiempo el que imprime carácter artístico a las cosas... Estuvo muy interesante, y me alegra que un cuento tan sencillo tenga ese elemento de sugerir mucho más que lo que dice.

Alejandro Ramírez dijo...

Ey, Javi, qué cuentazo. Simple, sencillo pero tremendamene emocionante. Un abrazo sincero.

Oriana me contó de ti pero no me recomendó tu blog (aunque tampoco me dijo que no lo visitara) y hoy llegué aquí por casualidad. Busqué mi nombre en Google (ya sé que es un acto narcisista) y apareció un cuento mío en tu blog. Vine a buscarlo y no lo vi por ningún lado pero me encontré con tus cuentos. Y me quedo, me quedo...

Javi dijo...

Gracias Alejandro, por todos tus comentarios, por visitarme...
Lo de que hayas encontrado por Google este blog lo he estado pensando. Y se me ocurre: en mi blogroll, que aparece al final de la página, están los blogs de Oriana, tú la sigues a ella. Creo que ese será el hilo que lleva a Google hacia acá. En todo caso tengo un blog que creé hace muchos meses, en el que trataba de publicar una selección de lo mejor que fuera leyendo por ahí. Entonces me pareció una idea original. Más tarde, viendo el impresionante trabajo de Sergio Gaut vel Hartman y compañía, lo dejé casi abandonado. Pero en todo caso, si algún día me das permiso para poner en ese blog (Post-Literatura) una mini tuya, estaría encantado.
Un abrazo y bienvenido.