
Me llamo Uhk y vivo con mi familia en una cueva. No se extrañen, soy un niño paleolítico, y esta es nuestra manera de vivir. A veces un poco arriesgada, como cuando por las noches regresamos a casa y encontramos alguna fiera que ha elegido nuestro hogar para guarecerse. Entonces nuestros padres nos hacen salir y apartarnos de la entrada. Ellos, con sus antorchas, consiguen echar al animal, y cuando todo está tranquilo, podemos entrar a dormir. Pero el olor que queda después suele ser insoportable. A esto siempre me costó trabajo acostumbrarme.
Hoy he cumplido 96 lunas. Al menos, mis padres dicen que se sucedieron 96 lunas llenas desde el día de mi nacimiento. Por ese motivo papá me regaló unos crayones. Los ha hecho él mismo, con una especie de arcilla que él recoge y que es de color rojo muy intenso. Esta noche, a la luz de las antorchas, probaré mis crayones en las paredes de la cueva, y aunque no sé bien qué dibujar, estoy pensando en mi padre y sus compañeros de caza el día que, a lo lejos, vi cómo lanzaban flechas a unos bisontes.
Os lo cuento sabiendo que, posiblemente, a nadie importará nunca lo que dibuje un niño que acaba de cumplir 96 lunas.